
“El estómago se opone a la cabeza, mientras la última lucha por satisfacer las necesidades del primero”.La primera vez que fui a Ciudad de México me quedé impresionado ante la visión de las siguientes palabras, tan sabias, tan naturales, grabadas en una piedra a la entrada del Museo Maya: “Siembra para cosechar, cosecha para comer, come para vivir”. Ni la política ni los políticos son capaces de cambiar nuestra naturaleza. Tan sólo la ética se mantiene en pie opuesta a todos nuestros instintos para, más o menos, cambiar y aliviar nuestra condición humana. Y la ética no es el fruto de la naturaleza, ni siquiera de la ciencia sino más bien de la religión, pues toda la ética se opone a nuestros instintos. El estómago es del orden de los instintos y el pensamiento pertenece al orden de las religiones, es decir de la ética. Hay que comer.
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